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miércoles, 11 de enero de 2017

Sustituyendo en su convocatoria juevera a la amiga Lucia, nos convoca Verónica desde su blog CENSURA SIGLO XXI, la propuesta es: ¿JUEGAS CONMIGO?


ALREDEDOR DE LA BÁSCULA

La casilla de la bascula junto a la casilla del petrolero.

Los muchachos, se mantenían en silencio y escondidos tras la caseta, expectantes, observaban el ir y venir  del empleado de la báscula. Una vez había marchado el tractor con las uvas se lanzaban todos en tropel hacia la plataforma, no había nada más divertido en aquellos días de septiembre que mantener el equilibrio sobre el ondulante soporte haciendo burla al tractorista paciente que esperaba su turno, mientras el empleado salía de la casilla lanzando maldiciones.

-       -   Zánganos, que sois unos zánganos, como os pille…..
              -  Déjalos, que son muchachos ¿Qué hacías tu a esa edad?

Las muchachas éramos otra cosa y era en instantes así en los que yo soñaba con ser chico, nosotras bien puestecitas, tranquilas jugando a las casitas en el poyete de la casa de había justo al lado de la mercería de mi madre. No me gustaba jugar a cocinitas pero me decían que era lo más adecuado, a lo que jugaban las niñas.

Cuando oscurecía, la báscula pasaba a ser de todos, muchachos y muchachas jugábamos juntos a pillar o al escondite, la casilla del petrolero, un antro diminuto, estaba justo al lado de la caseta de la báscula. A veces, nos poníamos todos a saltar sobre la plataforma esperando sin éxito, conseguir la sensación de vaivén que dejaban la marcha de los tractores, con suerte, conseguíamos que se  moviera un poquito, al menos era lo que nos parecía sobre todo a las niñas que nunca habíamos podido lanzarnos a ella tras la marcha de un tractor.

Los muchachos, nos enseñaban a subir al tejado de la casilla del petrolero y desde allí nos lanzábamos por aquella especie barra metálica similar a la de los bomberos, sentía mariposas en el estómago cuando iba cayendo hacia abajo, suerte que mi madre no me veía que si no….

Corríamos todos  deprisa volteando la caseta grande aunque sabiendo que de forma inexorable yo sería la primera en ser cogida, me escondía tras la casilla chica esperando divertida que aquel que paraba cogiera a un primero, mis amigas solían verme pero nunca me descubrían, las muchachas teníamos eso, dominábamos como nadie el arte de la complicidad.

Hubo una temporada, que se pusieron de moda los fósforos Garibaldi, rasca paredes, les llamábamos, esos días nos pasábamos horas oyendo sus pequeñas explosiones. También descubrimos que si se mojaban con un poco de saliva y de lo pasabas por el cuerpo este se tornaba fosforescente en la oscuridad, otro de aquellos pequeños secretos que no podían saber nuestros padres.

Las muchachas, les enseñamos a los muchachos que el chicle se podía convertir en cualquier color, en unos años en los que este solo pasaba del rosa al blanco, todo era cuestión de poner en medio un trocito de mina de un lápiz de color y apa! chicle teñido. Ellos a cambio, nos enseñaron a crear dibujos de formas extrañas gracias a las cabezas de las moscas, pero ese tema quedo dentro de lo más profundo de nuestros secretos y no lo puedo explicar.


P.D. Creo que tampoco os gustaría saberlo.

* En Membrilla había un dicho popular que decía "los muchachos con las muchachas hacen malas gachas...."

Aunque la escuela de Corea era mixta, había aulas solo para niñas

Y aulas solo para niños

Aunque a la hora de compartir la leche del plan Marshall nos sentíamos unidos, sobretodo a aquella mayoría silenciosa que cuando la veían decían casi en un susurro: Que asco......

17 comentarios:

  1. Divertidos juegos sin juguetes, la imaginación era la mejor arma y las travesuras compartidas frutos para el recuerdo . Un abrazo

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  2. Precioso los recuerdos de la niñez , que buenos recuerdos nos trae el reto de esta semana , me ha gustado descubrir tus juegos de niñez y sobre todo ese final donde los secretos que se guardan de las pequeñas travesuras .
    Muy lindo un fuerte abrazo

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  3. Qué buenos momentos!!!! (pensar que hoy, la balanza es una enemiga con mayúsculas, jaja). No sabía lo de los fosforos y me temo que tiré los últimos hace poco y tal vez no encuentre para comprar y hacer el experimento. Lo de las moscas, debe ser interesantísimo pero quizá, mejor que sigas manteniendo en ese secreto cómplice...jajaj,
    Con ese toque tan pesonal, autobiográfico y entrañable con que escribes, me duermo otro rato, acunada por tus recuerdos y los míos de la infancia cuyo aroma siempre debemos de mantener fresco.
    besos

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  4. Qué recuerdos! Los carros con las uvas dejando un reguero de mosto y moscas. La bascula, el trapicheo de los ojeadores, los racimos robados.Pero donde más disfrutábamos los chicos, eran en las tardes en la era.
    Y el principal,( y casi único ), la imaginación.
    Besos.

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  5. Tesoros de la niñez que alimentan nuestros recuerdos, los primeros juegos, las primeras experiencias antes de ser "mayores"
    Un beso

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  6. Tesoros de la niñez que alimentan nuestros recuerdos, los primeros juegos, las primeras experiencias antes de ser "mayores"
    Un beso

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  7. Hola Imma:.las baslculas municipalee.. otro punto caliene para los juegos prohibidos. Hubo una época que después del
    pesaje,cerraban la puerta de la casilla y se marchaban. y entonce subíamos todos y nos balanceábomos a placer.
    REcibe un recuerdo y una invitación para el muevo encuentro

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  8. Qué buenos recuerdos! Imagino que más de un gajo de uvas os comeríais, esas uvas como robadas eran las que sabían mejor. Lo de los fósforos creo que es lo que aquí llamamos triquitraque. Un placer leerte como siempre.

    Un beso.

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  9. Jajaja con tu relato he aprendido el dicho de Membrilla y el tintar los chicles de colores ¡qué curioso!
    Pero lo de la báscula lo he hecho yo cuando pesaban las aceitunas en el molino. Qué tiempos...

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  10. Encantador y tierno relato. Esos juegos eran saludables, divertidos y sanos. Que diferencia tan grande a los de esta era, que muchos de ellos promueven la violencia y tantas cosas más. Que interesante lo de los fósforos y la goma de mascar.
    Bso

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  11. Que tiempos tan bonitos de juegos inocentes, de risas, carreras, escondites. Aprendiamos y nos divertíamos mientras todo nos preparaba para lo que luego sería nuestra vida de adultos. Menos mal que al menos nos quedan los recuerdos.
    Un abrazo.

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  12. Jajaja con tu relato he aprendido el dicho de Membrilla y el tintar los chicles de colores ¡qué curioso!
    Pero lo de la báscula lo he hecho yo cuando pesaban las aceitunas en el molino. Qué tiempos...

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  13. Lo de los chicles yo también lo hice. Siempre nos atraía lo prohibido, ahí radicaba la gracia.
    Un abrazo

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  14. Inma, he disfrutado con tus recuerdos infantiles sobre los juegos. Me ha gustado mucho. Observo en muchos de los relatos la inclinación de las niñas a no limitar los juegos infantiles a muñecas y casitas.
    Un fuerte abrazo.

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  15. Pues en mi pueblo no existía ninguna báscula de esas que describes, aunque puedo imaginarme cómo era por lo que cuentas en tu relato. Qué divertidas esas cosas que cuentas, aunque lo de las moscas tal vez no lo sea tanto...mejor no saberlo.
    Un beso

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  16. Qué suerte tuvisteis los que crecisteis en pueblo. La ciudad tiene sus ventajas, pero la vida no era igual.
    Por otra parte, en mi trabajo me ha tocado gestionar alguna de esas básculas y, con lo ruinosas que eran solo faltaban chicos saltando en ellas... Creo que ya no quedan.
    Besos.

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  17. Madre mía...ahora que vivo en la Mancha estoy viendo todos y cada uno de los momentos que describes...las básculas a las afueras de los pueblos...pequeños retazos manchegos...he estado en Daimiel, en Pozuelo, en Ciudad Real y Manzanares pero no en Membrilla...

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